En una de mis salidas tuve la oportunidad de ver - y ser parte - de un evento muy singular de "vandalismo" organizado, aunque más que vandalismo debería llamarle "algo de insurgencia espontánea" o, aún mas acertadamente: "solución de sentido común"!
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Luego de un viaje de un par de días, viniendo desde Casanare por esas espectaculares carreteras que conectan a este departamenteo con la capiltal del Meta, Villavicencio, encontré un trancon.
La cantidad de vehículos era tal que resultaba obvio que había ocurrido algo serio en la vía y que los vehículos "enlatados" no tenían habilitado el paso.
Una de las ventajas que tiene andar en moto es que siempre estás de primeras en la fila del trancón (los motociclistas entonces nos convertimos automáticamente en los más chismosos usuarios de las carreteras pues generalmente siempre sabemos, y de primera mano, lo que causa un trancón).
En últimas era uno de esos tacos donde los pasajeros de cada carro están fuera de él, los pasajeros de los buses aprovechan para bajarse a fumarse un cigarrillo, estirar las piernas, conversar un rato, o simplemente para matar el rato mientras respiraban ese clima cálido y húmedo de nuestros llanos, pero también muy fresco gracias a que no era muy tarde en la mañana y un par de nubes se encargaban de mantener bajo control a ese gran dios Ra .
Comencé a pasar los vehículos muy fácilmente pues no había nada de tráfico en el sentido contrario (otra señal de que era algo grave) y así duré casi diez minutos!
Ahora, haciendo algo de matemáticas simples (a pesar de que lo intento desesperadamente, me es imposible dejar de medir cosas!) mi moto hizo un promedio de 30 kilómetros por hora mientras pasaba todo el trancón, de manera que un simple cálculo indica que el trancón era de más de cinco kilómetros, algo extraordinario y más aún para una vía por donde usualmente no hay tanto tráfico.
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Finalmente llegué a la punta del trancón, donde estaban todos los motociclistas chismosos (ejem) pero encontré también a todos los ciclistas chismosos y, más insólito aún, a todos los PEATONES chismosos. ¿Porqué insólito?. Pues porque usualmente los peatones miran lo que sucedió y continúan su camino, pero en este caso la causa del trancón ni siquiera permitía que pasaran las personas, o por lo menos no lo podían usar por ninguna de las vías "normales"
El evento
Al mejor estilo Hollywood se encuentra volcado un camión renmolque-.carrotanque sobre su costado derecho. La "nariz" del colosal aparato está contra la cerca de puas de la finca que está a, más on menos, 2 metros de la calzada (en el sentido de los que "venían"), mientras que la popa del mega tanque está justo al borde derecho de la vía por la que yo transitaba, es decir, de los que "ibamos".
El camión se ha volcado sobre una zona de curva a la derecha, y todo su cargamento de petróleo crudo se ha derramado hacia la parte interna de la curva, que gracias al peralte de la vía, ahora ha formado una graan zona pantanosa mezcla del petróleo en el pasto, un gran charco que ya había formado un lodazal, y todo esto desde el borde derecho de la carretera hasta unos dos metros dentro de la finca del costado de la vía. Conclusión: ni siquiera las bicis tenían por donde pasar!
Por supuesto los de a pie podían pasar por encima de las cercas a mirar el evento desde uno u otro lado, pero no sin untarse bien de petróleo, bien de barro, o tal vez dejando la mitad de la entrepierna (del pantalón) en alguna de las puas de las cercas de las fincas de los costados.
Fuer raro ver un trancón donde ni siquiera las motos podíamos pasar, y de hecho el escenario, repito, parecía mejor un montaje muy bien hecho para una película de acción.
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El grupo pionero
Enseguida todos los ahí paralizados tuvieron ideas de todo tipo, algunas buenas, otras ridículas, pero en todas existía la necesidad de abrir un "broche" de la finca de al lado y pasar por un sendero que discurria de manera paralela a la carretera. De hecho era la solución lógica y se vió confirmada cuando, del otro lado del accidente, y por esta senda "privada" venían dos o tres moticos "pioneras" en esto de intentar hacerle el quite a semejante trancón.
NOTA: Para los que no lo saben, Broche es el término campesino que se le da a una especie de puerta que permite el paso en una cerca y que se cierra con algo de FUERZA y mucha MAÑA aunque en realidad no tiene ningún tipo de restricción para abrirlo o cerrarlo - a menos de que no tengas FUERZA o no te des MAÑA!

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Justo cuando todos nos alistabamos a repetir lo que aquellos motociclistas pioneros habían hecho, pero en senido contrario, de la nada salió una mujer con un atuendo que yo solo había visto en películas y documentales de esos donde hay accidentes con petróleo: gruesos guantes amarillos, un delantal amarillo tipo carnicero, y botas tambié amarillas, todo untado de petróleo. Y como si le hubiesen invadido su propia casa llegó gritando, empujó a unos y otros y cerró el broche por donde acababan de hacer el paso aquellos
moteros que habían alimentado la esperanza de que CRUZAR ERA POSIBLE!
Reclamos de todo tipo, algun que otro madrazo (anónimo, por supuesto... en realidad no se como lo logran los que hechan madrazos en las multitudes pero usualmente es como un grito que sale de nadie y de todos, misterio!), rechiflos y abucheos que de nada sirvieron pues la mujer estaba totalmente empecinada en no dejar que nadie pasara de un lado a otro. En realidad fue la actitud de la señora la que mas exaltó los ánimos pues desde el principio estuvo algo agresiva, peleona, contestona... y no nos dejaba pasar, que era lo peor!.
Algunos intentaron abrir el broche, llegaron otros a apoyar a la señora y mientras tanto los más calmaditos (por supuesto yo incluido) solo veiamos con desesperanza una situación que de ninguna manera estaba ayudando para obtener el pase que tanto queríamos.
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La autoridad se interpone
Afortunadamente los dos policías que estaban a cargo de la situación esta vez hicieron su labor a tiempo y de manera correcta y ayudaron a calmar los ánimos, hicieron que los funcionarios retornaran a su tarea y que los "trancados" retornaran a su sitio, o sea a la cabeza del trancón, lejos del famoso broche.
Resultó entonces que el administrador de la finca dijo que por ahí nadie pasaba así se tomara el trancón varios días, lo que tampoco lo ayudó a ser popular ni respetado. Peor decisión aún: habiendo dicho esto se montó en su bicicleta y dijo que se iba a "buscar al patrón para comentarle del problema", pero quien sabe esto donde era porque luego de media hora más (aquí ya llevabamos como hora y media en esta situación) el hombre no aparecía ni daba señales de nada.
No funcionó el intento de negociación que algunas personas y yo inteamos hacer con los dos policías: les mostramos que no había necesidad de dañar nada pues el camino estaba trazado de manera paralela a la vía, y que ellos mismos podían ayudar a evitar que la gente se desviara del camino (anque en realidad era absurdo pensar que alguien que llevaba esperando tanto tiempo para continuar su camino ahora se metieran a pasear por una finca ajena), pero no, no quisieron.
En este momento ya eramos mas de cincuenta motos, tal vez más, ahí viendo ese camino perfectamente trazado, totalmente desperdiciado. Y seguramente del otro lado del accidente había otro tanto pensando lo mismo.
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La masa se subleva - Camaradería de pillos!
Nadie se puso de acuerdo con nadie, nadie le dijo nada al otro, pero muy naturalmente las cosas sucedieron así:
Quedó un solo policía a cargo del broche
Ahora eran mas motos con ganas de pasar (mas de dos horas esperando)
El policía a cargo ya no se creía el argumento de que se iba a dañar algo
La gente a lado y lado está desesperada y se empiezan a formar corrillos. La situación ya no es agradable.
El policía también lo intuye y, misteriosamente, desaparece!
Hay una niña como de catorce años, "casualmente" junto al broche
Otra voz de la multitud suena cláramente: "Vecina, me hace el favor y me abre ese broche?"
La niña mira casualmente con actitud de "si usted lo dice es porque usted sabe lo que hace" y luego de abrir la puerta se aleja y desaparece misteriosamente entre la multitud.
Muchos ya se habían dado cuenta de lo que estaba pasando y estaban listos. Yo que no sirvo para sutilidades pequeñas, medianas o grandes, no lo sabía, y por eso cuando arrancó toda esa jauría de motos a duras penas alcancé a ponerme el casco y guardarme los guantes en un bolsillo de la chaqueta.
Lo que aconteció enseguida fue para mi toda una experiencia de euforia y risa, enmarcado por esa sensación de "no debes quedarte de último", como si alguien nos estuviera persiguiendo!
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El camino paralelo que circulaba dentro de la finca resultó no estar en tan buenas condiciones como aparentaba, por lo que ver todas esas motos, unas con acompañantes hombres, mujerers y niños, otras con mercados, cajas, canastos, era como ver una jornada de captura de caballos salvajes donde todos corren como en grupo, en la dirección de alguien que va adelante, pero con la completa certeza de que no tienes ni idea para donde va nadie.
Entre esa huída-carrera recuerdo que llegué a un charco ENORME, con zona pantanosa a los lados, y donde dudé antes de mandarme; y es que a los lados ya habían mas de cuatro motos totalmente atrapadas en el pantano, algo que para mi, significaba "ser capturado"!
Justo antes de entrar al charco, durante apenas un segundo, veo a una mujer muy joven en su preciosa scooter blanca, con pantalón blanco, sandalias blancas, y en su casco unos ojos de miedo y frustración porque era claro que no había opción para ella dentro de esa salvajada; eran ojitos de resignación de tener que devolverse y de derrota; durante un segundo pensé en ayudarle, pero aquí no hubo alternativa y era claro que solo los mas valientes y corajudos ganariamos el trofeo de llegar al otro lado y evitarnos quien sabe cuantas horas más de trancón. La dejé abandonada, como hicieron todos los demás, y seguimos desbocados intentando pensar cláramente y encontrar la salida que nos permitiría completar el "crimen" y, a la vez, encontrar la ruta de huída: la vía normal!
Luego de toda una eternidad andando por ahí entre ese grupo desbandado (en realidad no pasaron más de un par de minutos pero el tiempo en modo "criminal" se me pasó muy despacito) llegué a un punto donde habían motos andando hacia el sur, otras hacia el norte, otras hacia oriente y otras más se estaban devolviendo.
Y entonces la escena surrealista del momento: allí en medio de ese afán, de esa angustia, de esa histeria, de esa masa de "prófugos" hay un hombre recostado en una hamaca amarrada de dos árboles diferentes, tomandose algo en un pocillo, y charlándo placidamente con otra persona, totalmente ajenos a lo que estabamos sintiendo nosotros, ¿universo paralelo?
Gentilmente nos responde que no, que ya nos pasamos de la salida que hay del camino a la carretera, así que raudos nos devolvemos, con afán porque en nuestras mentes el hecho de estar ahí sin permiso era sinónimo de que la policía ya venía por nosotros. La mente nos gritaba que estaban pisándonos los talones y que nos iban a atrapar, nos iban a multar, nos iban a quitar las motos; o tal vez el dueño de la finca nos iba a disparar "en pleno uso de su derecho" como había dicho uno de los policías. Por la razón que fuera había que huir!
No sé como pero de regreso, cuando volví a pasar por el tremendo charco-pantano mi moto se queda trabada: grito un NOOOOOO desde el fondo de mi miedo y hago uso de la energía sayayin fruto de la adrenalina y el miedo para desenterrar los 130 kilos de mi pulsarcita a puro pulso (el sonido de palo de paleta o mas conocido como "yuca" que salió de mi espalda hizo eco en aquellas planicies hermosas, verdes y que en ese momento, para nuestras mentes, estaba lleno de ojos acusadores, seguidores y guías para que nos encontraran y nos ajusticiaran)
Salgo de ahí preguntándome si la sensación rara en mi columna vertebral se pasará pronto, y para mi fortuna adelante mio, justo a punto de salir a la carretera principa está la niña de la scooter blanca!
La salida a la carretera principal no es menos digna de aquella aventura: es necesario hacer una subida por una rampla al mejor estilo Hollywood para luego bajar de manera empinada durante un metro de terreno que conduce a la bajante, justo al lado del pavimento: los duchos en el asunto hasta hacen saltar su moto, mientras que los menos arriesgados - como yo - pasamos despacito y, como en mi caso, sentimos un sólido "TUD" cuando el gato de las motos suena contra el pico de la rampla.
Aquí la historia - o histeria - común y en grupo, se convierte en una lánguida huida individual, de cada uno por su lado y aún escuchando el ruido de "sabuesos" tras nuestras huellas: lo importante es huir de ahí, alejarse, poder negar lo hecho, "yo no estuve ahí", de hecho ya me veía yo respondiendo el interrogatorio, ¿me tocaría el truco del policía bueno y del policía malo?. Vuelvo a la realidad y poco a poco los metros de asfalto nos van alejando de la escena del "crimen".
Los que tenemos motos más "grandes" dejamos atrás, entre pitidos y saludos cómplices, a los que no pueden correr tanto por falta de caballos o por sobra de equipaje: "ojalá y no los cojan, pero si cogen a alguno, a mi no será!"
De a poquito el corazón nuevamente deja sentir sus latidos fuertes, forzados, esos típicos que aparecen luego de instantes de adrenalina; los brazos se relajan, la "yuca" de la espalda deja sentir sus resultados (auch) y como una liberación de culpa, mezclada perfectamente con los sentimientos de logro perfecto, misión cumplida y acción criminal inocente, sale desde mis entrañas una carcajada de emoción, de risa de verdad por lo gracioso que en realidad ha sido la situación: ningún mal se ha hecho, nadie ha salido lastimado, nada se ha dañado, no recorrimos mas de 900 metros por ese camino, nadie nos viene persiguiendo y hemos logrado salir del trancón! (bueno, casi todos pues algún par de motos si quedó enterrado en el lodazal que había en el camino de la finca).
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En retrospectiva
Aún hoy en día recuerdo mucho esa anécdota, y entre lo que mas me sorprende es darme cuenta de la forma anónima como todo se fraguó: el policía que desapareció misteriosamente, la voz anónnima que pidió que abrieran el broche, la niña que de manera totalmente casual lo hizo, y la forma en que se precipitó semejante evento tan pero tan divertido.
Recuerdo también la sensación de alivio cuando apenas unos metros luego de haber tomado la vía principal, intercambiaron un "TIT" y un "TUT" los pitos de la
scooter de la niña de blanco y de mi moto: ella con ojos brillantes de euforia por la misma razón, y yo con el corazón aliviado de alguna manera por ver que ella también lo había logrado aun luego de haber sido abandonada por todos, y por mi .
No tomé ni una sola foto del accidente ni del evento (para este último: faltaba más!), pero resultó ser otro evento más que contar en los almuerzos de familia (no muchos, la verdad) y aunque no falta el que me mira con cara de recriminación, en el momento fue la decisión mas acertada... y divertida.
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