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La primera vista que tiene el visitante de la represa del Neusa es apenas la recompensa ideal luego de una carretera completamente dramática: después de baches, vacas y perros en un ascenso plagado de curvas, prácticamente te “estrellas” contra tu destino, uno protagonizado por agua y montañas, y caracterizado por un aire que te inunda, en apenas un momento, de tranquilidad, alegría y belleza.
Has llegado a la represa del Neusa!
La carretera: casi off road!
Para llegar al Neusa, partiendo desde Bogotá, se debe pasar por Zipaquirá.
La ruta que lleva a esta población está en muy buenas condiciones y da gusto recorrerla.
Luego de Zipaquirá la vía cambia bastante: un solo carril en cada sentido, algún cruce peligroso y luego una monótona recta hasta llegar a la carretera secundaria que nos lleva hasta la represa del Neusa, pasando unos kilómetros antes por el parque del mismo nombre.
Esta última porción de la vía (más de 12 kilómetros) deja un sabor agridulce para los que por ahí pasamos: paisajes hermosos, curvas interesantes, terrenos planos y también ascensos; pero en toda su extensión hay baches de todos los tamaños, especialmente XL. Así las cosas, la atención se centra mas de lo debido en evitar una caída antes que en lo importante: apreciar el entorno.
Llegar a la represa del Neusa es un proceso que se podría llamar como “de refinación” tanto de tráfico como de ruido: notarás cómo estos van disminuyendo en la medida en que pasan los kilómetros. En la primera parte de la carretera secundaria, por ejemplo, ya la presencia de vehículos es poca (y aún así te puede aparecer la camioneta Chevrolet que es capaz de ocupar tu carril para esquivar un hueco), y luego del parque del río Neusa, es menos aún, casi inexistente.
Unos kilómetros antes de llegar a la represa, te encontrarás andando prácticamente solo, con la presencia de uno que otro habitante de la región, casi siempre acompañados de sus perros, ovejas y otros: bastante pintoresco.
Primera impresión  Click para ampliar imagen. |
Luego de apreciar el entorno que te ofrece inicialmente la represa, empezarás a notar los detalles que lo hacen especial: el color del agua, los bosques que la rodean, las montañas que se elevan al lado este, mientras que por el lado oeste no son tan elevadas y forman una bonita pradera que se une suavemente con el agua. Observarás también la isla que se encuentra en la represa, pero sobre todo sentirás la tranquilidad y el silencio: vale la pena apagar el motor y simplemente dejarte llevar por la ausencia de sonidos!
La represa: múltiples opciones
Justo a la llegada a la represa se cuenta con dos caminos opcionales: el de la derecha (destapado y pagando una tarifa mínima), que bordea el costado este de la represa y que conduce al restaurante Los Almendros y a una zona de camping y asados; o el de la izquierda, que no es mas que la continuación del camino principal y por el que se puede llegar, entre otros, al embarcadero de la represa, a otras zonas de camping y asados, e incluso a los municipios de Tausa y Ubaté.
Yo continúo por la carretera principal que pasa sobre la pared que encierra toda la masa de agua de la represa, conformada por el aporte de los ríos Neusa y Cubillos, así como de otras quebradas.
Luego de algunos minutos llego al embarcadero: un sitio con un restaurante (que solo abre los fines de semana), servicios básicos y un atracadero de lanchas pequeñas las cuales ofrecen servicios de paseo en bote también durante los fines de semana. Soy el único visitante.
Aquí me quedo un rato, y mientras admiro cada centímetro de esa preciosa postal, como parte de mi porción de frutas y agua, y encuentro a un nuevo amigo: un can. A pesar de que nuestra relación empezó por interés (él quería de mi mandarina) y de que mi nuevo amigo descubrió que las frutas no eran de su gusto, este decidió en todo caso quedarse un rato conmigo y acompañarme. No me molestó para nada su silenciosa presencia mientras yo contemplaba la isla – llamada El Morro - que está en la represa.
Zona de camping y asados
Continúo andando otro par de kilómetros, hasta que encuentro la entrada a la zona principal de camping llamada San Carlos. El tiquete de entrada a cualquiera de los sitios de camping es válido para todos los demás sitios, de manera que con el mismo tiquete que compré para entrar al embarcadero, entro a la zona de camping.
Hace muchos años todo el sector que recibía al visitante y que lo acompañaba prácticamente hasta el borde mismo de la represa eran pinos, y debo admitir que era una vista muy extraña y atractiva, algo que me llamaba la atención de manera poderosa; pero resultó que los pinos no eran la mejor opción para esta región (secan demasiado la tierra), de manera que los están cambiando por otro tipo de árbol; al menos eso dicen los que por allí andan, pues yo vi que únicamente han acabado con muchos pinos pero no han sembrado nada más.
Lo que sí hay nuevo son unas pequeñas parrillas construidas para facilitar la realización de asados en el lugar. Aquí también he visto competencias de cometas, excursiones y… muchos mas asados!
Bosques de pinos  Click para ampliar imagen. |
Como ya había dicho, una buena parte del bosque de pinos ya no está, pero aún existe, y caminar entre este bosque, con sus luces y sombras que se alternan como una telaraña en el cielo y la tierra, es sobrecogedor. Luego de un rato no puedes evitar mirar hacia el cielo, como intentando descifrar la maraña de ramas que apuntan hacia el sol, tratando de salir de aquel enredo; y cuando tienes la oportunidad de estar solo, como me pasó a mi, mejor aún: el ruido natural del bosque será el ingrediente final para este coctel de sensaciones tranquilas.
El tiempo vuela
No se cuanto tiempo estuve ahí, pero sí se que mi estomago me avisó que ya era hora de almuerzo… en Brasil, porque en Colombia esta hora había sucedido como tres horas antes!
Me devuelvo sobre mis pasos, llegando hasta el embarcadero y buscando un lugar donde comer algo. Finalmente encuentro un buen restaurante: nada especial ni sofisticado, pero ordenado y con una buena carta. Mi elección: trucha ¡por supuesto!, y con salsa de la casa.
Ir a Neusa y no probar una trucha es perderse la mitad del viaje; por aquí la ofrecen en diferentes preparaciones, casi siempre a la plancha, pero con diferentes aderezos y acompañamientos, como para que nadie quede insatisfecho.
Algo curioso: mientras espero mi almuerzo salgo un rato a contemplar las montañas y el valle en el que finalmente corre sin rienda el río Neusa, y mientras tanto noto como todo el paisaje es regado por una constante lluvia de algo parecido al confetis, incluso en mi camiseta y en todos los lugares se aprecia lo mismo, confetis que caía como originado por una niebla ligera y omnipresente, de color azul y con un olor particular: madera quemada.
Luego de mi almuerzo inicio el descenso y veo lo que genera aquella partículas: a unos 40 kilómetros al oriente un incendio transformaba de manera voraz la falda de una gran montaña; una nube de humo asciende hasta el doble de la altura de la montaña y se esparce con el viento hasta ser mas amplia que esta: escena triste, pero imposible dejar de verla: se me hace lo mas parecido a ver a un volcán antes de que haga erupción. El verano por acá sigue haciendo estragos, no solo por los incendios, sino también por los pastos que de verde no tienen nada; y si lo noto yo, ni se diga las pobres vacas y toros que tienen que conformarse con lo que hay.
Neusa es un lugar al que he ido muchas veces antes, pero créanme: con todo lo que tiene para ofrecer, no hay duda de que lo volveré hacer durante otras cuantas ocasiones.
Mas fotos y relatos en mi blog:
Neusa: excursión a la tranquilidad