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Wilkinson
23-oct-2011, 23:59
Su pilotaje se había tranquilizado. Vivió polémicos duelos con los rivales. Tenía talento. Era el sucesor de Rossi en el motociclismo italiano

Ahora vivimos un compendio de manifestaciones que subrayan la valía de Simoncelli. Humanamente, fuera de la competición, era un pedazo de pan. Un joven cariñoso. Sus ochenta kilos y su 1,85 de altura no encajaban con esa sonrisa de niño y esa voz amigable, cálida. El problema llegaba cuando se subía a la moto. Era otro. Se transformaba. Se convertía en un enemigo agresivo, que no tenía reparo en codearse físicamente con Dovizioso. En meter el hombro para echar a Bautista de la pista. En provocar un grave accidente a Barberá. En cambiar de dirección en plena recta y asustar al suizo Luthi, que tuvo que frenar y sufrió una caída de miedo. El número 58 tenía talento. Era el heredero de Rossi. Se iba serenando en la pista. Lástima que haya muerto sin demostrar ese porvenir.

<img src="http://www.abc.es/Media/201110/24/OBJ3496450_1--478x241.JPG" width=250 align=right>Marco Simoncelli (Cattolica, 20-1-1987) falleció en el mismo circuito donde festejó en 2008 el único título de su palmarés, el de 250 centímetros cúbicos. Era el punto culminante de una larga evolución, comenzada a los ocho años en las «minibikes». Allí empezó a pegarse con Dovizioso, un enfrentamiento que ha pervivido durante 16 años.

Nada más cumplir los quince años (2002) debutó en el Mundial. Disfrutó de seis grandes premios. Al año siguiente ya era piloto oficial de 125.

Los feos consejos de Rossi

En 2004 comenzó a demostrar su progresión. Marcó la «pole» del Gran Premio de España y ganó la carrera. En 2005 batalló por la consecución del título. Volvió a ganar en Jerez, sumó seis podios y quedó quinto en la general. Su problema se cernía a su peso y a su envergadura. Era necesario que ascendiera a la categoría de 250. Lo hizo en 2006. Fue su confirmación. Lenta, pero segura.

No brilló en las dos primeras temporadas. Y acudió a su amigo Valentino Rossi para pedirle los consejos que revolucionaran su vida. Rossi le enseñó los secretos del éxito. Los malos trucos de este deporte. Los que él utilizó sobre Gibernau en 2004.

VR46 le dijo que debía hacer valer sus 80 kilos y su altura. Tenía que atreverse a meter la moto y el hombro para buscar el choque en cada curva y echar a los rivales si plantaban cara. Su actitud asustaría a los adversarios. Marco le hizo caso. Y las palabras de Valentino se hicieron realidad en el asfalto. Comenzó el Mundial 2008 y «Pipo» se hizo respetar con mano dura. Los contrarios ya frenaban cuando él metía rueda. Con esa táctica, el italiano ganó el título. No le sancionaban.

Enfrentado con muchos

En 2010 dio el salto soñado de su vida. MotoGP. Gresini le fichó para montar una Honda oficial. Y Marco continuó con su ley del más fuerte. Barberá, Bautista y Dovizioso volvieron a sufrir altercados con él. Este año, Lorenzo, portador del número uno, ejerció de portavoz general. Le acusó de realizar un pilotaje muy peligroso. Le pidió que cambiara. Se negó. Dovizioso le criticó. Su agresivo adelantamiento a Pedrosa en Le Mans, cuando cortó la trayectoria del español, significó un antes y un después en la actitud del amigo de Rossi. Dani se fracturó la clavícula. Le negó el saludo. Y Marco cambió. Ahora pilotaba con mayor tranquilidad. No le ha impedido morir.